Episodio 6.

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Episodio 6.

La reciente visita al Maju ha convencido a Yafar de que una seria amenaza planea sobre el reino, y no puede dejar de pensar en la advertencia que le hiciera el vidente: que tuviera cuidado con los forasteros, pero no sólo con aquellos que moran en palacio, sino también con otros que se han infiltrado en la ciudad y a los que deberá localizar. Por eso no descansa pensando en cómo neutralizar la amenaza. De momento, sus medidas, preventivas, pasan por aumentar la tropa acuartelada en palacio, reforzar la escolta del rey, y contratar a más espías. Algo oscuro se está tramando en alguna parte y él tiene la obligación de saberlo, por lo que sus confidentes reciben la orden estricta de recabar toda la información posible, sin escatimar en medios de cualquier tipo.

En este marco de desconfianza y recelo, Yusuf, contraviniendo los consejos del visir, acude a una populosa mezquita para asistir a los rezos del viernes. El monarca no está dispuesto a ceder al miedo, y sólo a regañadientes accede a que se incremente el número de guardaespaldas que lo acompañen. Esta decisión resulta providencial ya que, en el patio del templo, su guardia detecta a un individuo que se mueve de manera sospechosa y que termina apuñalando a uno de los soldados que van a detenerlo. La escolta reacciona rápidamente, dividiéndose en formar un cordón de seguridad en torno a al rey y en perseguir al agresor. Pero éste acaba despistando a sus perseguidores y tras limpiarse el betún que embadurna su piel, además de deshacerse de las ropas que lleva superpuestas, termina mostrando su verdadero rostro, que corresponde al de uno de los ayudantes del mago. Algunos testigos del suceso declaran que el atacante iba acompañado de un cómplice, el cual se escabulló hábilmente entre la multitud aprovechando el desconcierto del momento.

Pasadas las horas, los espías comunican que un grupo de castellanos ocupan una vivienda en los confines del Albaycín, y que son hombres de armas. A tal efecto, el visir, al mando de una treintena de jinetes, se dirige hacia allí con intención de tomarla por asalto y prender a sus moradores. Más los cristianos han huido y en esos momentos se encuentran acampados en unos montes cercanos, velando armas y esperando ansiosamente la hora de entrar en acción.